Stephen King

Posted in A veces la vida on 23 mayo 2015 by aveceslavida

STEPHEN KING La gente cree que soy una persona bastante extraña. Eso es incorrecto. Tango el corazón de un niño pequeño. Está en un frasco de vidrio sobre mi escritorio.

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El puente de la Tetta

Posted in A veces la vida on 23 abril 2015 by aveceslavida

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En le Rialto Carampane, uno de los barrios rojos de Venecia, se encuentra un pequeño puente, que no es importante por su tamaño, si no por los secretos que encierra. Se lo  llama Il Ponte delle Tette, cuya tradición al castellano no es ni más ni menos que El Puente de la Teta. El nombre tiene su razón de ser. Este puente y sus alrededores era uno de los lugares donde se solían apostar las prostitutas para mostrar su “mercancía” a posibles clientes. Se colocaban en el alto del puente y mostraban sus senos a los viandantes, sobre todo a aquellos que se desplazaban acuáticamente por el canal que corre a los pies del puente. Las prostitutas venecianas eran muy conocidas en aquella época, no solo por su hermosura, sino también por su educación y comportamiento refinado. Solían teñirse el cabello con manzanilla y otros ungüentos con tal de lograr un tono rubio dorado que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “rubio veneciano”.

Una vez aplicados los ungüentos solían subir a la parte superior de las casas donde dejaban que el cabello se les secara naturalmente al sol. Estas partes superiores solían recibir el nombre de “altane” y eran una especie de estructuras de madera que hacían las funciones de terraza, algunas de la cuales aún pueden verse en los techos de las casas de la zona.

Se ubica fácilmente  llegando a la librería que está sobre el agua en la calle larga Santa María Formosa, y llegando hasta el final de la calle se encontrarán de bruces con el puente…aunque se advierte que ya no podrán ver ninguna teta por allí.

La muerte del Che

Posted in A veces la vida on 9 octubre 2014 by aveceslavida

CHE GUEVARA CAOLOR

En la Higuera, un caserío perdido entre selvas y cerros que murmura entre tierra y perros huesudos, Ernesto Che Guevara fue fusilado por el ejército boliviano un 8 de octubre de 1967.

Acaso le temblaban las rodillas al sargento Mario Terán quien, una década después habló del suceso, del terror de cargar en el dedo índice, el de gatillar, toda la muerte de uno de los emblemas que parió la historia. Más cuando el Che, de frente, herido pero digno y humano, le largó una frase de esas que te hacen tiritar: “Póngase sereno y apunte bien; va usted a matar a un hombre”.

“Mátenlo, pero de la cintura para abajo. Que la cara le quede intacta”, fue la orden de René Barrientos, en ese entonces presidente de Bolivia. Ardía en deseos de mostrar al planeta lo que traía en las alforjas. Asesorado por Washington, dijo que el tal Guevara había muerto en batalla, que de fusilamientos nada. La mentira se destaparía con los años.

El tiro le salió por la culata. Ese hombre, tan odiado como amado logró desde la tumba lo que sus enemigos más le temían cuando vivo, inspiraba a millones de personas en todo el mundo a patear el tablero.

El cadáver del Che lo encontraron en 1997. Estaba en una fosa común junto a seis de sus compañeros. Hoy el lugar es sede de un mausoleo.

Fuente: Pepo Garay. D. Los Andes

Café con piernas

Posted in A veces la vida on 29 septiembre 2014 by aveceslavida

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El santiaguino con granos y complejos, entró al Barón Rojo con la necesidad de un café para reponerse luego de una agotadora jornada laboral. Los ventanales de vidrios polarizados y los múltiples espejos interiores permitían a las meseras mostrar sus generosos cuerpos ataviados con una diminuta tanga. Como parroquiano frecuente ya conocía los códigos, no fumar, no fotografiar, no manosear ni toquetear. Sin embargo no pudo sustraerse a su libido estremecida al percibir la cercanía de una rubia platinada que comenzaba por unas botas con plataforma ultrasónica y seguía en sucesivas etapas hasta una capsula platinada envuelta en la última bocanada que precede al límite inalcanzable del cerro San Cristóbal.  La muchacha lo recibió con un seductor beso en la mejilla, mientras le acercaba el encargo. La despedida (que él hubiese ansiado prolongar en tres, cuatro o cinco cafés más) fue igualmente cariñosa, lo que incentivó una buena propina. El hombre salió algo confundido pero verdaderamente reconfortado. Luego, en las animadas pláticas con amigos, comentaba el esforzado trajín que le demandó engullir las magníficas piernas sopadas en el café.

Evelyn

Posted in A veces la vida on 2 agosto 2014 by aveceslavida

 

EVELYN COLOR Phothosop

En ocasiones la muerte alcanza una belleza difícil de superar. Se convierte en un sueño. Evelyn McH se arrojó del piso 86° del Empire State Building, impactando en una limusina aparcada bajo el rascacielos, como un ángel que se hiciera un lecho metálico de una luminosa eternidad.

Un fotógrafo ocasional escuchó impactar el cuerpo e hizo la foto del cadáver. La foto es una de las imágenes más perturbadoras de la historia y ha sido llamada, obviando con cierto grado de grosería el dolor causado a las personas que dejó atrás la chica, “la más bella de las suicidas“.

No es fácil eludir la plasticidad sugestiva de la foto, el estremecedor atractivo del cuerpo aparentemente limpio de Evelyn. La joven parece dormida, mantiene en su lugar los guantes blancos y el collar. Sólo las medias caídas, envolviendo los tobillos, sugieren el desacomodo de la muerte.

El día antes de matarse había viajado en tren a visitar a su novio. Regresó al día siguiente muy temprano.

Se hospedó durante unas horas en un hotel para redactar la nota de despedida: “Él estará mucho mejor sin mí… yo nunca seré una buena esposa para nadie”

Fue al rascacielos, subió a uno de los frenéticos ascensores hasta el piso 86º, se desprendió del abrigo y saltó a la calle, 320 metros más abajo.

Quedan los espacios vacíos que cada suicidio abre como fauces de fieras, las permanentes preguntas que nadie es capaz de responder: ¿la agonía diaria de una tristeza insondable?, ¿el simple miedo a la vida?, ¿la seguridad del fracaso?, ¿una tristeza insoportable?

 

 

 

Esa mujer

Posted in A veces la vida on 14 julio 2014 by aveceslavida

 

GRAFICA NUEVA MILONGA blog

Aquella noche esa mujer pasó delante mío rumbo a una mesa cercana. Caminaba con un paso de otro mundo y me regaló una mirada serena y fugaz que derrotó la mía, torpe y delatora. Salió a bailar y la vi moverse dócil y embriagada por la melodía, pero serena y erguida como un mimbre en los brazos del desconocido. Esa noche supe que haría una locura. A través de unos hombros que no eran los míos volvió a mirarme desde la pista.

Regresó a su mesa y se despidió presurosa de su ocasional pareja. Dejé pasar dos temas y de pronto sentí que alguien que no era yo la invitaba a salir, con la ligera y acostumbrada pregunta que hizo mi cabeza al inclinarse. Me dijo que sí y ese otro me llevó hasta ella envuelto en terror y transpiración. La acerqué a mi cuerpo y un estremecimiento de miedo y excitación me inmovilizó unos segundos eternos, iguales a los que se conceden concentrados y con las manos tomadas los buenos bailarines, a la espera de un compás luminoso que les abra las puertas del cielo para comenzar.

-No sé bailar -confesé entregado en su oído con desesperación.

-Lo sé -musitó con serenidad. – Vamos hacia el medio.

Esa mujer supo en un segundo descifrar la tensión de mi cuerpo y entendió que conmigo jamás alcanzaría cúpula o catedral alguna.

Madre y pantera, con piedad pero sin dejar de apretar su cuerpo con el mío, me fue llevando a las sombras protectoras del centro de la pista, para fundirnos con otras siluetas distraídas en sueños distantes del mío, azul, sublime, el de tenerla un tango entre mis brazos con mis ojos cerrados, extraviado en la neblina de su pelo, estrellado contra su vientre, balbuceando mis peores pasos.

Marilyn

Posted in A veces la vida on 7 junio 2014 by aveceslavida

MARYLIN Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. De inmediato lo pensó mejor y cayó en una profunda depresión. “¿Por qué fui tan presuntuoso?” se preguntó. “Una oreja es algo muy íntimo. ¿Y qué pasa si a ella no le gustan las orejas? Habría hecho mejor en enviar violetas o rosas rojas como Joe DiMaggio. O tal vez girasoles, patatas french fried, o cepillos de un ancho significativo. Esa oreja la ofenderá, lo sé. Tendrían que haberme bautizado Vincent Van Torpe. Lo arruiné todo otra vez.”

En medio de toda esta inquietud, llegó una nota de América del Norte. “Estimado Señor,” empezaba. “Muchísimas gracias por la cartera de seda. Es un tanto pequeña, pero hace juego con mis bragas de palo rosa.” Vincent Van Gogh se relajó, se apoyó contra la mareada corona de un girasol tembloroso y sonrió de oreja a… ¡nada!