UNA MUJER DESNUDA (la oreja de van gogh 1#)

lady godiva

Vincent van Gogh se cortó una oreja y se la envió a Lady Godiva. Se cuenta que ya había entrado la noche, y ella se disponía a recorrer desnuda montada en un caballo blanco las calles del Coventry. Esta había sido la condición ineludible que le había impuesto su esposo, el duque Leofric, conde de Murcia, para acceder a sus súplicas de que bajara los altos impuestos que tenía exaustos a los empobrecidos pobladores del condado.
Lady Godiva acarició la oreja, la ató a una cadenita y se la colgó al cuello, convencida de que la protegería de las lascivas miradas de los hombre del pueblo.
Entonces aquella noche encendida de estrellas y luna a propósito en cuarto menguante, cabalgó desnuda por la ciudad en vela.
Toda la gente se recluyó en sus casas, los postigos cerrados, para no someterla a la humillación de sus miradas.
Toda la gente, se supo, menos Peeping Tom, quien espió a la mujer a través de una rajadura de la ventana.
Se supo porque en Coventry todo se sabía, y porque Peeping Tom, a partir de esa noche, quedó completamente sordo de una oreja.
El duque de Leofric, conmovido por la actitud de su esposa y del pueblo, se compadeció, y bajó considerablemente los impuestos a todos los pobladores, excepto a Peeping Tom.
La noticia llegó al oído diáfano de Vicent en la campiña de Arles, una noche en que apenas había bebido una sola botella de whisky, y salió eufórico a pintar las estrellas.
Tal vez a partir de entonces, cuando los contribuyentes de cualquier lugar del mundo quieren que les bajen los impuestos, envíen presurosos a sus mujeres desnudas a visitar los funcionarios fiscales, los que sin lugar a dudas accederían entusiasmados.

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Una respuesta to “UNA MUJER DESNUDA (la oreja de van gogh 1#)”

  1. Repalabrador Says:

    Armand! Bienvenido a Internet! :) Me alegra que tengas el blog, es importante sacar las cosas (aunque, como está el patio, ya nadie los sigue…).

    Este texto refiere algo que me parece que ignoro… Me hizo a acordar a unas reversiones de clásicos que hizo Isidoro Blainsten, uno de mi escritores preferidos. Me gustó el cruce entre lo mítico y lo prosaico del final.

    Un abrazo,

    Xavi

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