EL DELITO DE BESAR

gripe porcina 2

José Ingenieros escribió un ensayo sobre el beso.
Dar un beso anhelado es poner alas a una esperanza; la gratitud de la persona que lo recibe es eterna.
Darlo violentamente en cambio, pude ser un delito, aunque con frecuencia es perdonado en obsequio al noble deseo que expresa.
El que pretende besar un minutos antes, se expone a violentas resistencias; el que se decide a besar un minuto después merece que lo desprecien.
El positivismo de Ingenieros cierra con la propuesta de que, ante un beso no consentido, la ofendida obligue al ofensor a recibir de ella la misma intensa respuesta, lo que puede dar comienzo a algo más que una bella amistad.
Hay bocas tan fuertes de tentación que es forzoso olvidar las nefastas consecuencias de besarlas; y bien describe su misterioso encanto irresistible el soneto de Góngora: que empieza: “La dulce boca que a gustar convida…”
Algunas veces, sin embargo, no se perdona; casos hay en que el delito de besar motiva querellas judiciales.
Según Ingenieros, cinco son las circunstancias que contribuyen a determinar el carácter delictuoso del beso:
La coacción por falta de consentimiento, que implica el delito de injuria.
La intención erótica, esencial para que exista el atentado al pudor.
La premeditación y alevosía, agravantes de los delitos precedentes.
La publicidad, que implica una contravención a las buenas costumbres, aunque no medie coacción.
La imprudencia, que por los efectos del besar puede constituir el delito de lesiones.
Indudablemente si nuestro preclaro pensador hubiese vivido en estos azarosos tiempos modernos hubiese debido agregar otra circunstancia delictuosa del beso: está prohibido besarse en caso de pandemia de gripe porcina, bautizada con una sigla alfanumérica que a los comunes de los mortales nos cuesta memorizar.
La historia se repite, porque son innumerables las pestes que azotaron el mundo. Y tampoco es casual que el contexto donde el mal se desarrolla es similar: hambre, pobreza, desnutrición, guerras, carencia de políticas sanitarias e infraestructura hospitalaria, corrupción, negocios millonarios de la industria farmacológica.
Ante este flagelo, nuestros funcionarios perdieron el rumbo, sus brújulas comenzaron a girar alocadamente, y largaron cataratas de medidas contradictorias, muchas veces incoherentes, y se debatieron en discusiones con los poderes económicos, quienes vieron que sus negocios se venían a pique. ¿Clausuramos o no clausuramos las actividades públicas?
La peste está bien, pero no me toquen el negocio. En todo caso subsídiame las pérdidas, y perdóname las ganancias.
¿Habrá que despertar nuestras dormidas y globalizadas adrenalinas solo en presencia de pandemias, para darnos cuentas del deterioro social, ético y político de nuestras manoseadas poblaciones?

Anuncios

Una respuesta to “EL DELITO DE BESAR”

  1. Repalabrador Says:

    Uh, ¡esa no me la esperaba! Del beso de Ingenieros… al merder en que nos han metío nuestros mandamases a cuenta del N1H1. Es un buen ejemplo del malhacer: intereses económicos para enfermar y, después, no curar; intereses políticos como criterio de divulgación de la información, indicaciones caóticas… El caso ha sido para enmarcar: todos los desaguisados habidos y por haber, concentrados en un bicho que no vuela.

    Un abrazo, Armand.

    Xavi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: