MALAS ARTES

Siempre tuve dificultades para practicar ciertas artes que los niños y jóvenes de mi edad aprendían con envidiable habilidad. Por ejemplo nunca pude hacer la vertical, chiflar fuerte, o salivar lejos. Tampoco aprendí a nadar, y en general fui bastante torpe para el fútbol y demás juegos colectivos o individuales. Pero mi mayor desilusión fue con el circo. Desde chico el circo me causaba una atracción mágica.
Trapecistas, malabaristas, domadores, contorsionistas, animales, payasos, eran poco mas que la razón de mi vida, el cordón umbilical que me unía al mundo de la fantasía. A ese mundo de lona, luces y aserrín que tanto admiraba y me sorprendía. El colorido del ambiente y la vigencia permanente de un clima informal, alegre y festivo eran para mi motivo de emociones incontenidas.
Fue por ello que en una oportunidad en que uno de esos circos de poca monta se instaló en mi barrio, quise unirme a la trouppe, aunque más no fuera como modesto peón.
Me dijeron que con los payasos no, solo con el dueño del circo. Eso me dijeron. Me sobresalté cuando el mono se me tiró encima, montó sobre mi hombro y me daba besos en la boca. La mejer barbuda se afeitaba la entrepierna frente a un espejo apoyado sobre un banquito. El trapecista y la equilibrista hacían lo suyo enroscados con destreza y felicidad sobre una cuerda tensada sin red. El saltimbanqui arrojaba fuego por la boca para leer en la ceniza el futuro de lo que vendrá. Y la ecuyere bailaba una danza húngara sobre un esbelto caballo blanco, con crines de seda y cola de espuma.
El trailer del dueño se identificaba nítidamente entre los desvencijados carromatos instalados en perfecto desorden.
Cuando entré él estaba despanzurrado sobre un catre con la cara pintada. Era el payaso.

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3 comentarios to “MALAS ARTES”

  1. Armand!

    ¿Es cierto que te atraían los circos? ¿O es una licencia poética? A mí, no me acuerdo, creo que me daban igual… Pero de grande me transmiten lo que reflejás en el texto: una cara oculta, triste o patética.

    Una vez, recuerdo, fuimos a uno: un domador elegía a alguien del público para pararse arriba de un caballo y dar vueltas. Se ofrecía una señora: daba una vuelta, se caía, y le ofrecían dar otra. Yo me sorprendí, porque a nadie le daban dos vueltas. En la segunda, se toma el pantalón por el culo, y se lo descose, le queda la indignidad al aire y los payasos salen a taparla: estaba conchabada, y en la primera vuelta no se le había descosido el pantalón de forma natural, así que le dieron la segunda, para el ridículo planificado.

    Esa es mi imagen del circo.

    Un abrazo, Armand.

    Xavi

  2. Armando, desde ya felicitaciones por este sitio, muy buena selección del nombre.
    El relato del circco tiene una frescura impecable. Me gustó.Se me presentaron todas las imágnes como reales.
    Ah! pero yo cuando era chica y más grande nunca me atrajeron los circos, me daban pena los animales y con los trapecistas sufría mucho, ¡bravo! por el sitio.
    Cariños, lucy

  3. IRENE Says:

    ARMANDO,CADA RELATO TUYO ME DEJA PASMADA Y EMOCIONADA.

    ME REÍ BASTANTE IMAGINANDO AL MONO DÁNDOTE BESOS EN LA BOCA.

    TENÉS LA MAGIA DE SORPRENDER CON LOS FINALES. BUENO ,ESA ES LA MAGIA DE LA LITERATURA NO? Y VOS LO HACÉS MARAVILLOSAMENTE.

    CON AFECTO

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