El Callejón del Beso

 

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Guanajuato, Mexico, es como una ciudad sacada de un cuento de hadas donde no pasa el tiempo, una casa mágica rodeada de sierras y montañas, bajo un cielo azul. Una ciudad con una arquitectura de lo más extraña, lo cual se debe a que está construida sobre una cañada. Pero hay otra razón de índole socio histórico. Ubicado en las faldas del Cerro del Gallo, en una ciudad cuya construcción data del siglo XVIII, la edificación de las casas son sencillas, viejas casonas multicolores, acorde a la topografía del lugar

Bajando desde el oeste por la Avenida Juárez, uno de los primeros atractivos que salen al paso es el Mercado Hidalgo.

Continuando calle abajo, aparece la plaza del Ropero con una fuente en medio y pequeños y estrechos caminos que salen de ella. Una de esas veredas, la que da hacia el cerro, es la que lleva al famoso “Callejón del Beso”, estrecho y oculto rincón donde caben justo dos personas. Sin duda, el Callejón del Beso es el lugar que por curiosidad o romanticismo se ha convertido en uno de los más visitados de esta ciudad. Cientos de estudiantes, turistas y pueblerinos solicitan a los dueños actuales subir a las habitaciones para prometerse amor eterno.

Cuenta la leyenda que antiguamente vivían dos enamorados llamados Ana y Carlos. Ana era una bella y rica española que habitaba en el lado izquierdo de las casas. Y Carlos, un pobre minero al que le rentaban la casa del lado derecho por unas cuantas monedas de oro y plata.

Al padre de Ana no le convenía que se casara con él porque era muy pobre. Él quería un rico, de su misma clase, que casara con su hija. Una de las primeras noches el padre sorprendió a la pareja de enamorados besándose, hombro con hombro, ayudados por los balcones de cada casa. De balcón a balcón hay sesenta y ocho centímetros de separación, así que perfectamente se podían dar el beso.

El padre advirtió a su hija: si te vuelvo a ver besándote te voy a matar. Ana no lo tomó en serio pues no creía que su padre fuera capaz de hacer cosa semejante a su única hija.

La siguiente noche vuelve a pasar lo mismo.  Entonces el padre, un hombre intransigente y violento bajó hasta su recámara y al volver le enterró una daga en el pecho a su hija. El cuerpo de Ana se desvaneció inerte mientras Carlos la sujetaba delicadamente de la mano, sobre la que plasmó un último y tierno beso, suceso que dio lugar a que ese callejón se le conozca como El Callejón del Beso. El dolor de Carlos por la muerte de Ana fue insoportable, llevándolo a tomar la decisión de quitarse la vida arrojándose por el tiro principal de la Mina La Valenciana.

Ahora, todas las parejas de enamorados que visitan el lugar deben besarse en el tercer escalón que está pintado de rojo, sino se llevarán siete años de mala suerte. Si se dan el beso, siete años de buena suerte. Si no traen pareja pueden buscar a quien se rente para el beso, para lo cual por unas monedas sobran candidatas.

Pueden practicar distintos tipos de besos. El beso del pajarito, de piquito a piquito. El beso árabe es saliva va saliva viene y con la lengua se entretiene. Para las que vengan solas pueden practicar el beso de la vaca, es con cualquier buey. El beso del microondas es 5 minutos y están calientes. El beso del tamal es con su pedacito de carne adentro.

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