La muerte del Che

CHE GUEVARA CAOLOR

En la Higuera, un caserío perdido entre selvas y cerros que murmura entre tierra y perros huesudos, Ernesto Che Guevara fue fusilado por el ejército boliviano un 8 de octubre de 1967.

Acaso le temblaban las rodillas al sargento Mario Terán quien, una década después habló del suceso, del terror de cargar en el dedo índice, el de gatillar, toda la muerte de uno de los emblemas que parió la historia. Más cuando el Che, de frente, herido pero digno y humano, le largó una frase de esas que te hacen tiritar: “Póngase sereno y apunte bien; va usted a matar a un hombre”.

“Mátenlo, pero de la cintura para abajo. Que la cara le quede intacta”, fue la orden de René Barrientos, en ese entonces presidente de Bolivia. Ardía en deseos de mostrar al planeta lo que traía en las alforjas. Asesorado por Washington, dijo que el tal Guevara había muerto en batalla, que de fusilamientos nada. La mentira se destaparía con los años.

El tiro le salió por la culata. Ese hombre, tan odiado como amado logró desde la tumba lo que sus enemigos más le temían cuando vivo, inspiraba a millones de personas en todo el mundo a patear el tablero.

El cadáver del Che lo encontraron en 1997. Estaba en una fosa común junto a seis de sus compañeros. Hoy el lugar es sede de un mausoleo.

Fuente: Pepo Garay. D. Los Andes

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: